
En vez de presentar mi curriculum de la manera clásica como lo he hecho siempre, decidí contar mi historia como profesional de otra manera.
En 4to año del bachillerato me llamaban la atención 3 carreras: arquitectura, bellas artes y medicina. Desde muy pequeña me la pasaba horas hojeando un libro enorme de Dalí que había en la mesa ratona del living de casa. Ya de más grande dedicaba muchas horas a hacer maquetas de casas. También me gustaba mucho dibujar y se me daba muy bien, y me hacía mi propia ropa.
Era una gran lectora, y el libro “la célula” me apasionó desde siempre. Pero tengo una mente científica que mi papá médico percibió en mí desde muy temprana edad, y me incliné por medicina para hacer investigación celular.
Me gustaba la psiquiatría también, hasta que en 4to año de medicina descubrí el mundo de la cirugía plástica. Conjugaba perfectamente mi necesidad del trabajo manual, mi gusto por lo estético y la ciencia. Era la especialidad perfecta. Me recibí de médica en la facultad de medicina de la Universidad de Buenos Aires con un promedio de 8,03.
Entré con el primer puesto en la residencia del Hospital Ramos Mejía a cargo del Dr José Cerisola, mi jefe. De él aprendí una de las cosas más importantes que tiene que tener un cirujano: PUNTUALIDAD y DISCIPLINA. Ahí descubrí un mundo nuevo que no sabía que existía: la cirugía craneomáxilofacial.
Movilizar los huesos de la cara para corregir malformaciones me pareció fascinante y me metí de lleno en esa área. Fui jefa de residentes e instructora de residentes en dos oportunidades lo que me permitió operar muchísimo. Me dediqué sólo a cirugía estética y reconstructiva de la cara, (traumatismos faciales, lifting facial y rinoplastia). Viajé a San Pablo a ver operar a la Dra. Vera Cardim, una cirujana craneofacial como pocas veces se ha visto. Me incliné al mismo tiempo por la reconstrucción nasal, y fui a ver al Dr. Frederick Menick cuyo trabajo jamás pudo ser igualado. Escribiendo esto me doy cuenta lo afortunada que fui al tener estas oportunidades que no están presentes hoy en día.
Al mismo tiempo conocí un cirujano fascinante que habría de cambiar radicalmente mi forma de ver la cirugía plástica, y que daría un vuelco a mi vida, y daría el puntapié inicial para lo que soy hoy en día. Este CIRUJANO MAGNíFICO, con mayúsculas, fue el Dr José Juri. Brillante y con una memoria prodigiosa, me enseñó tantas cosas que me es imposible enumerarlas aquí. Y me encomendó una tarea: aprender a hacer orejas. Comencé en el hospital con la técnica de Brent, y al obtener muy buenos resultados, proseguí en la tarea. Poco tiempo pasó hasta que otro hito terminaría de sellar esta pasión: un llamado telefónico de la Dra. Alejandra Peláez de La Paz Bolivia a quien conocí trabajando en el Hospital Militar Central, invitándome a una jornada en su ciudad con la Dra Francoise Firmin. Y allí vi todo lo que quería ser.
La acompañé en varias misiones, la visité en París varias veces, y tengo con ella una amistad que perdura hasta hoy. Tuve la oportunidad de estar con la mejor cirujana reconstructiva de orejas del mundo. Hoy en día me dedico exclusivamente a la cirugía de las orejas, ya que consume la totalidad de mi interés no dejando lugar para nada más. Doy conferencias sobre el tema, he publicado trabajos científicos en las revistas más prestigiosas de la especialidad, y disfruto de mi trabajo todos y cada uno de los días de mi vida.
Tengo una participación protagónica en la ISAR (International Society of Auricular Reconstruction) y recibo cirujanos observadores y pacientes de todo el mundo. Pero lo más importante es que hago felices a los pacientes y a sus familias. Esta es mi misión. Esto es lo que me llena el alma. Y ojalá Dios me de mucha vida para seguir haciéndolo.
Quiero terminar este breve resumen agradeciendo al equipo que conforma PROYECTO MICROTIA que ya es parte de mi familia y que me acompañó hasta aquí: los Dres Daniel Malovini y Mariano Zambudio, quienes me acompañaron durante muchos años en mis cirugías, siendo de invaluable ayuda, son mi mayor orgullo ya que se han convertido en unos cirujanos maestros en rejuvenecimiento facial, al Dr. Federico Huaman Ríos quien me asiste en la actualidad, a mi cirujano de tórax el Dr. Cristian Corchuelo, a mi hermana de la vida a la mejor anestesióloga que un cirujano pueda tener, la Dra. Roxana Lettini y por supuesto a mi mano derecha, mi infatigable y eficiente instrumentadora y coordinadora de pacientes, que me cuida como nadie, mi querida Karen Salviulo.